En nuestro país existe cierto "progresismo" que, pese a que adorne su discurso con una retórica académica, termina siendo funcional al coro estable de la "mano dura" para criminalizar a los pibes pobres. Así de simple.
Por más esfuerzo que hagan en demostrar las mejores intenciones o que naveguen en los mares del progresismo, la realidad es que abonan el terreno para hacer más digerible el discurso (y no sólo el discurso) de los que colocan a los jóvenes y especialmente a los jóvenes y adolescentes pobres en la primera línea de fuego en el “combate contra la inseguridad”. No le den más vueltas: quieren hacer punibles a los pibes y pibas de 14 años.
(…)
Estamos acostumbrados a confrontar con los que abiertamente pretenden criminalizar la pobreza y fundamentalmente a los jóvenes, porque en ellos ven la semilla de la que germinarán los nuevos tiempos.
Por eso más nos indigna cuando desde el "progresismo", que rinde culto diario en el templo del posibilismo, nos quieren poner nuevamente en el lugar de los utópicos y nostálgicos sin propuestas cuando rechazamos enfáticamente la baja de la edad de imputabilidad de los menores.
Ya hemos demostrado que nos sobran propuestas para terminar con el hambre, que es un crimen, y estamos abocados a la tarea de realizar una amplia convocatoria a la unidad popular para avanzar en la construcción de la fuerza política y social necesaria para cambiar las relaciones de fuerza con el poder dominante.
Desde la Central de Trabajadores de la Argentina damos testimonio de nuestra lucha para que se defiendan todas las garantías constitucionales, incluidas las de los miles de pibes que sufren abusos y gatillo fácil como es el caso de Luciano Arruga de 16 años, desaparecido desde el 31 de enero.
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