15 de diciembre de 2009

Caso Arruga - Falta responsabilidad periodística

A 10 meses de su desaparición, los medios todavía no han hecho eco del suceso y hasta lo censuraron.

Agustín Martínez Roulet – Emanuel Villalba

Luciano Arruga, un adolescente de 16 años de La Matanza, desapareció el 31 de enero del 2010 y aún hoy no se tienen noticias de su paradero. Actualmente se está llevando una causa judicial en la que se investiga la hipótesis de que efectivos policiales de una comisaría de Lomas del Mirador llevaron detenido a Luciano, lo golpearon posiblemente hasta la muerte y posteriormente “lo hicieron desaparecer”. La razón de este proceder fue, según los familiares y amigos, la negativa del joven a realizar trabajos ilegales para la Policía.

Sin embargo, a pesar de las constantes movilizaciones de los familiares y amigos del adolescente, la prensa (principalmente los noticieros televisivos) no ha hecho demasiado eco de esta situación, por no decir que lo han pasado por alto totalmente. En este caso, la falta de ética periodística es evidente: el grado de interés público de la noticia es altísimo, pero por los intereses de los empresarios (que gozan de la libertad de prensa para comercializar la información) no sale a la luz y no llega al conocimiento del público. La responsabilidad que tiene el periodista es la de informar de manera veraz y honesta, pero en este caso ni siquiera se habla del hecho, sino que se lo oculta, se lo censura.

De esta manera, un grupo de personas decidieron el lunes 3 de Agosto realizar una petición durante la trasmisión en vivo del programa CQC, por el canal Telefé. Amparados en el Derecho a la Información, que le permite a cualquier persona dar y recibir información mediante los medios de comunicación, interrumpieron el desarrollo de la emisión gritando consignas a favor del esclarecimiento del caso Arruga.

Sin embargo, los conductores y el director de CQC actuaron rápidamente y censuraron a los amigos y familiares de Luciano enviando a un corte comercial. En el bloque siguiente, los tres conductores pidieron disculpas por la desprolijidad y aseguraron que esa no era la manera de hacer conocer una noticia.

La libertad de prensa (que defiende a la productora) y expresión (que resguarda a los periodistas) esta vez prevaleció frente al derecho a la información que amparaba al grupo que se manifestó durante la salida al aire. En este caso, los responsables del programa decidieron priorizar la prolijidad y estructura televisiva frente a dar lugar a un grupo de personas que querían difundir un caso de corrupción policial cargado de alto nivel de interés público. Los tres conductores explicaron que esa no era manera de realizar una protesta y mucho menos en un medio de características “progresistas” como el ciclo producido por Cuatro Cabezas.

Pero si esa no era la forma correcta de expresarse ¿cómo debe hacerse oír una persona que no tiene acceso a los medios masivos de comunicación? Lo que los periodistas Juan Di Natale, Gonzalo Rodríguez y Ernestina Pais quizá no comprendieron fue que esta gente no tiene la misma posibilidad de expresarse que tienen ellos. Esta noticia va en contra de los intereses de los dueños de los medios más importantes (que defienden las prioridades de las clases altas y medias altas) y por eso era realmente difícil hacerse escuchar en cualquier medio que sea editado, es decir, que no fuera trasmitido en vivo.

El jueves de esa misma semana, el programa “6 7 y 8” realizó un informe sobre lo sucedido en CQC el lunes anterior y amplió la información con una entrevista que le habían realizado a un amigo del chico de La Matanza en el programa “Contrapunto”, emitido por el canal TV PTS. El informe de “6 7 y 8” y uno posterior hecho por Televisión Registrada (programa que pertenece a la misma productora, “PPT”) eran de un contenido altamente crítico a los responsables de CQC porque consideraba que era necesaria la divulgación del suceso. Además evidenciaba la censura hecha por la productora de CQC, lo que dejaba mal parado al programa y al canal Telefé por ser emitido en esa señal.

El trabajo realizado por PPT es sumamente importante porque colaboró a regular una situación que se estaba manejando de una manera poco ética. El informe de ambos programas fue una autorregulación (un medio critica la manera de actuar de otro) y en este caso dio buenos frutos, porque en la siguiente emisión de “CQC” se realizó un informe especial de 6 minutos de duración que ayudó a divulgar lo sucedido con Luciano y a explicar el por qué del escrache realizado en la semana anterior.

Luego, los conductores otra vez intentaron limpiar la imagen del ciclo, al decir que la semana anterior habían cortado la protesta sólo porque no les parecía la manera de expresarlo. No hicieron ninguna autocrítica sobre los informes mostrados en “6,7 y 8” y en “TVR” sobre la censura en el programa, sino que se mantuvieron en la postura de defender por qué habían actuado así ante tal situación.

Sin embargo, el suceso seguía sin conseguir minutos en los programas más importantes de la televisión nacional. Sólo “Después de Todo”, el ciclo de cable conducido por Jorge Lanata, realizó una entrevista a los familiares del joven desaparecido. ¿Cómo se puede permitir que ningún medio haya hecho divulgar esta noticia, y hasta se la haya censurado? ¿Acaso no es de suficiente interés público el hecho?

Es difícil comprender por qué los medios no hicieron eco de un acontecimiento con tanto interés público como es este caso. Como ya se había establecido anteriormente, los medios masivos de comunicación defienden los intereses de un determinado grupo social: la clase alta y media alta.

Hoy la mayor problemática para estas clases no es el hambre, el desempleo o la alfabetización, sino la inseguridad. Los medios de comunicación han incentivado un temor creciente en la población y el pedido por soluciones rápidas a la problemática. Toda esta sensación de pánico fue creada por los propios medios (canal 13, TN, America), quienes hasta han dicho que la situación que se vive en el país se parece a una guerra. Compararon a Argentina con Colombia, en donde la tasa de suicidios es de 16 por día y en nuestro país sólo de 3, y asemejaron las clínicas de la ciudad con hospitales de guerra. Esta manipulación de la información claramente carece de ética periodística, porque al publicar constantemente noticias de inseguridad, los medios crean un ambiente de pánico que en vez de colaborar con el bienestar social sólo provoca una desestabilización en el estado de ánimo general.

Fueron los mismos canales los que, mediante las declaraciones de famosos artistas y políticos de determinados sectores, impulsaron el debate sobre la baja en la edad de imputabilidad por los constantes delitos cometidos por los menores de 18 años.

No hay dudas de que el caso de Luciano Arruga es una piedra en el zapato para los que apoyan esta medida. ¿Cómo se puede bajar la edad de imputabilidad si sabemos que la policía “recluta” a los menores de las clases más bajas y en el caso de que se nieguen a realizar los “trabajos” corren el riesgo de ser asesinados y desaparecidos? La desaparición del adolescente deja en claro que antes de plantearnos las soluciones más fáciles y rápidas debemos solucionar los problemas de la desigualdad social y la corrupción en los entes encargados de impartir justicia.

¿Cómo se puede permitir la actitud de los conductores y de la productora de CQC frente al hecho? La libertad de prensa y expresión los ampara, pero no siguen con el estatuto del periodista: la responsabilidad va por delante de los intereses de la empresa. Los periodistas no cumplieron con su rol social, no divulgaron este tema de alto interés público. La explicación puede estar en la crisis que vive hoy la libertad de expresión (la libertad exclusiva del periodista para expresar lo que desea), dominada en gran parte por la libertad de prensa (es decir, libertad de empresa). Quizá lo complejo de conseguir trabajo en el medio periodístico obliga a los trabajadores de prensa a agachar la cabeza y repetir lo que le pasan en un telepronter para no perder su trabajo. Sin embargo, los periodistas hoy deberían comprender que los trabajos que ellos producen son un bien social y construyen una “opinión pública”, que debe estar atada a la realidad y no a los intereses de un grupo de empresas.




Agustín Martínez Roulet y Emanuel Villalba son estudiantes de periodismo en DeporTEA y el presente artículo es un trabajo presentado en la materia Ética y Deontología.

Como siempre, agradecemos a estos jóvenes por su sensibilidad y apoyo

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